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Evolución de las enfermedades de los animales salvajes

Un Comunicado de prensa emitido recientemente por la OIE (Oficina Internacional de Epizootias*)
señala que el Grupo de Trabajo de la OIE ha entregado su informe sobre las enfermedades de la fauna
salvaje señaladas en el mundo durante los últimos meses.

De las enfermedades más importantes observadas durante ese período, el informe señala:

Entre las enfermedades eventualmente transmisibles a las personas

La tuberculosis bovina, que afecta a numerosas poblaciones de animales salvajes en varios continentes y
sigue suscitando gran inquietud. Inquietan tanto sus posibles efectos en las poblaciones de animales
salvajes como las consecuencias de la presencia de reservorios selváticos de la infección en la situación sanitaria
del ganado y la salud de las personas en los países que aplican programas de erradicación de la enfermedad.

La tuberculosis bovina representa un problema particularmente grave en el Parque Nacional Kruger y en
el Parque Hluhluwe/Umfolosi de Sudáfrica, donde se señaló una extensión geográfica de la enfermedad
en
los búfalos y su propagación accidental a otras especies animales que viven en estos parques, entre ellas
los grandes cudúes, zambos, leones, onzas y leopardos.

En Uganda se observan casos de tuberculosis en el Parque Nacional Queen Elizabeth desde finales de la década
de 1960 y también acaba de confirmarse la presencia de la enfermedad en búfalos del Parque Nacional del Valle
del Kadepo.

En Zambia, la tuberculosis está presente desde hace varios años en los lichis rojoi de las planicies de
Kafue. En 1998 se confirmó, por primera vez, la transmisión de la infección a manadas de ñúes.

En Europa se señaló la tuberculosis en España (en gamos, ciervos, jabalíes y linces) y en el Reino Unido
(en tejones, corzos, gamos y ciervos).

En los Estados Unidos de América, el foco de tuberculosis que afectó a venados coliblancos del Estado de
Michigan sigue creando problemas, ya que se ha demostrado la transmisión a coyotes, zorros rojos, mapaches,
osos negros y linces rojos. En la actualidad se intenta combatir la enfermedad en los cérvidos reduciendo  su densidad de población y prohibiendo a las personas que les distribuyan alimentos.

En Hawai se ha emprendido la búsqueda de un reservorio selvático de tuberculosis tras haberse detectado
la enfermedad en una vaca. Los suidos salvajes parecen ser la fuente de infección más probable.

En Canadá, la tuberculosis bovina es endémica en una subpoblación de bisontes y acaba de ser señalada también en un ciervo de Canada.

La brucelosis sigue siendo endémica en varias poblaciones de animales salvajes de África y las principales
especies afectadas son los búfalos, los hipopótamos y los antílopes acuáticos.

En Europa se detectó el agente de la enfermedad en jabalíes de Francia e Italia, así como en la liebre
común de Austria, Francia, República Checa y Suiza. La reciente propagación de la enfermedad a cerdos
domésticos criados en semilibertad parece indicar que el agente patógeno proviene de un reservorio
salvaje. La brucelosis se señaló también en rebeco y ciervos de los Alpes.

En Canadá se aisló el agente patógeno en bisontes americanos, renos y caribúes, así como en mamíferos
acuáticos: belugas, narvales y focas anilladas.

En los Estados Unidos de América se diagnosticó la enfermedad en wapitíes, en el este del Estado de
Idaho. En esta región, las personas alimentan a los wapitíes desde hace varios años, lo que
aumenta considerablemente el riesgo de transmisión del agente patógeno.

La epizootia de rabia vulpina sigue retrocediendo en Europa occidental gracias a las campañas de
inmunización basadas en distribuciones de cebos que contienen vacunas contra la enfermedad. Los otros tipos de rabia, en particular la infección de murciélagos insectívoros, siguen presentes y no se ha
registrado ningún cambio notable. A principios de 1999 se detectó, en el sur de Francia, la infección de
un murciélago frugívoro de Egipto por una cepa de virus rábico de origen africano. En Europa no existe
ese
tipo de murciélago (panique), pero se vende como animal de compañía desde hace unos años. El animal
enfermo había sido importado directamente de África a Bélgica en enero de 1999 y vendido después en
Burdeos (Francia) en marzo de 1999. Ciento veintidós personas tuvieron que ser sometidas a un
tratamiento preventivo contra la rabia. La venta del panique de Egipto y de otros quirópteros es legal en
la Unión Europea, pero urge que se reconsidere rápidamente, habida cuenta de los riesgos sanitarios asociados a
los murciélagos de los países tropicales.

La rabia de los animales salvajes terrestres es enzoótica en algunas regiones de Norteamérica. Se están
aplicando programas de vacunación oral contra esta enfermedad en cuatro estados de los Estados Unidos
de América y en una provincia de Canadá.

En Sudáfrica, durante el invierno de 1998-1999, una importante epizootía de carbunco bacteridiano
invadió un área de más de 6 000 km2 que comprendía el Parque Nacional Kruger y las reservas naturales
privadas situadas a su alrededor. Se confirmaron más de 160 casos en 15 especies animales, de las
cuales
un 68 por ciento eran grandes cudúes y búfalos. Al parecer, estas dos últimas especies son las que se
contaminan con mayor facilidad y desempeñan un papel importante en la propagación de la enfermedad,
pues la contaminación de las otras trece especies es tan solo esporádica. Se registraron, en efecto, numerosos
casos de leones contaminados por haber comido cadáveres infectados, generalmente con enfermedad
subaguda caracterizada por inflamación de la cabeza.

En Namibia se señalaron 76 casos de carbunco bacteridiano en animales salvajes, la mayoría de ellos en
el Parque Nacional Etosha, en el cual la enfermedad es enzoótica. La enfermedad afectó a once especies
salvajes, entre ellas elefantes, cebras, ñúes y gacelas saltarinas.

En Austria, España y Escandinavia se registraron casos de tularemia en 1998. En España, los animales
afectados fueron liebres y un conejo, y también se señalaron casos humanos. Aparentemente,
la enfermedad fue introducida en el país por liebres importadas.

En el distrito de Nueva York se diagnosticó un foco de enfermedad humana debida al virus de la fiebre
del Este del Nilo que causó la muerte de siete personas y más de 50 casos de meningitis viral. Dos
laboratorios confirmaron que el virus aislado en los seres humanos era prácticamente idéntico al virus
aislado en las aves durante el mismo período. El virus de la enfermedad del Este del Nilo, transmitido
por mosquitos, no había sido observado nunca hasta esa fecha en el continente americano. El foco fue
detectado a mediados de agosto de 1999 y el último caso humano fue diagnosticado el 16 de septiembre.
Los servicios de salud pública alertaron a la población para que se protegiese contra los mosquitos y se
aplicó un programa intensivo de desinsectación. En octubre, el virus afectó a 15 caballos en Long Island
y se hallaron también aves muertas, sobre todo cornejas. El virus de la enfermedad del Este del Nilo
forma parte de un grupo de virus transmitidos por la picadura de artrópodos, por lo que ha sido
denominado "arthropod-borne" o "arbovirus". Fue descubierto hace más de 60 años en Uganda y
detectado después en diversos países de África, Eurasia y Oriente Medio. Los signos de la enfermedad
en las personas suelen ser de tipo gripal, es decir fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares, irritación
de la faringe y erupción cutánea. El índice de mortalidad, más alto en las personas mayores, oscila entre
un 3% y un 15%.

El virus de la enfermedad del Este del Nilo ha sido aislado en más de 40 especies de mosquitos y en
algunas garrapatas. En el medio natural, los ciclos virales incluyen aves aparentemente sanas y
mosquitos, pues se considera que las aves son los huéspedes vertebrados que sirven de reservorio al
agente patógeno.

El problema que se plantea actualmente en el distrito de Nueva York es distinto de los que se plantearon
en episodios anteriores, porque, esta vez, las aves silvestres mueren de la infección. Las cornejas de América
han sido las aves más afectadas, pero también las cornejas de ribera, los arrendajos azules, las gaviotas
reidoras americanas, los alcotanes americanos, las palomas bravías, los ánades reales, las
grullas grises, los martinetes y varias especies de aves que viven en cautividad en el parque zoológico de Bronx.
 

Entre las enfermedades graves que afectan únicamente a los animales

Se señalaron varias afecciones importantes que pueden afectar a animales salvajes o domésticos:
La peste porcina clásica sigue siendo un problema muy importante para los jabalíes de Europa. En 1998,
Alemania, Francia, Italia, la República Checa y Suiza señalaron focos de la enfermedad. El virus de peste porcina
clásica que se aisló en el Tesino (Suiza) era idéntico al que se había aislado antes en jabalíes de la región
de Varese (Italia).

El virus puede ser transmitido por los jabalíes a los cerdos domésticos de manera directa (cuando
existen posibilidades de contacto) o indirecta (a través de alimentos contaminados). Los datos epidemiológicos
de Alemania e Italia parecen indicar una transmisión cruzada del virus entre cerdos domésticos y jabalíes.
Cuando los cerdos domésticos y los jabalíes viven bien separados unos de otros, la transmisión de la enfermedad
de los suidos salvajes a los cerdos domésticos, o viceversa, puede atribuirse a las actividades humanas.

La prevalencia de las situaciones enzoóticas parece haber aumentado en Europa durante los últimos años.

En el oeste de los Estados Unidos de América se efectúan, desde hace varios años, encuestas sobre
determinados animales o sobre los productos de la caza, con el fin de estudiar la caquexia crónica de los
cérvidos salvajes que viven en una zona enzoótcia situada al noreste de Colorado y al sureste de
Wyoming. Dada la posibilidad de eventual transmisión de la enfermedad a las personas (el agente de la
enfermedad es un prion semejante al de la "enfermedad de las vacas locas"), las operaciones de
vigilancia se extendieron hace poco a las poblaciones de ciervos y wapitíes que viven fuera de la zona de enzootía.
Más de 3.500 cerebros de estos animales fueron sometidos a exámenes microscópicos. Todos los exámenes
dieron resultado negativo, lo que confirma que la caquexia crónica se limita seguramente a las poblaciones
de ciervos y ciervos del Canada que viven en la zona enzoótica anteriorment cidada.

La vigilancia fue menos intensa en el este de los Estados Unidos de América, puesto que no se señaló ninguna mortalidad anormal en la región. Desde que se iniciaron las operaciones de vigilancia, a finales
de 1997, los exámenes de laboratorio no han revelado ningún caso de caquexia crónica.

En 1998 se hallaron miles de gacelas muertas en Mongolia. Se diagnosticó que habían muerto de necrobacilosis
El suceso parece estar relacionado con las lluvias torrenciales que se registraron en julio y agosto de ese año. En 1963-1964 habían muerto ya muchas gacelas a raíz de un brote de fiebre aftosa y , en 1974, otras 140 000
como consecuencia de una pasteurelosis.

En Australia del Sur se señalaron casos de paratuberculosis (enfermedad de Johne) en liebres walabíes
de la isla Kangaroo. Hasta la fecha no se ha observado sin embargo ningún signo de transmisión entre
animales de esa especie ni se ha producido ninguna contaminación de corderos domésticos.
Aparentemente, se trata de los primeros casos de paratuberculosis de animales salvajes en Australia.

Otros datos sobre la salud de los animales salvajes

Desde 1994 han muerto en Arkansas (Estados Unidos de América) 56 águilas de cabeza blanca, víctimas
de una enfermedad nerviosa de etiología desconocida, denominada mielopatía vacuolar aviar. En
noviembre de 1996, justo antes de que murieran los águilas de cabeza blanca, se encontraron fochas con
los mismos síntomas nerviosos en el lago DeGray. Las fochas y las águilas de cabeza blanca afectados
presentaban las mismas lesiones cerebrales y medulares, caracterizadas por un edema intramielínico.
También se observaron lesiones en fochas que no presentaban ningún signo nervioso. Es posible que los
águilas de cabeza blanca se contaminen al comer fochas enfermas, pero también es posible que ambas
especies estén expuestas, por separado, al mismo contagio. También se confirmó la enfermedad en
ánades reales y pato de collar, y se sospechó su presencia en porrones albeolas, en un pato de frente
blanca y en un pato cuchara de un lago de Carolina del Norte en el que estas aves se han asentado.
Estas observaciones hechas en distintos sitios alejados demuestran que la enfermedad está más extendida de
lo que se pensaba al principio y que la región de Arkansas puede no ser la única afectada. A pesar de
haberse efectuado numerosas investigaciones en laboratorio y en el terreno no se ha determinado aún la causa
de la enfermedad. Una neurotoxina, natural o asociada a actividades humanas, podría ser el agente responsable.

En los criaderos de cocodrilos de Zimbabué se señaló un número muy alto de casos de viruela del
cocodrilo. También se señalaron varios focos de poliartritis debida a Mycoplasma spp. y casos de
hepatitis debida a Chlamydia spp. De 38 criaderos del país sometidos a control, 12 estaban infectados de
triquinelosis. En Zimbabué se diagnosticaron otros seis casos de síndrome de la trompa fláccida de los elefantes
en el Parque Nacional de Matusadona y otros dos en Malilangwe. En Sudáfrica se registraron
otros tres casos en el Parque Nacional Kruger. Sigue ignorándose la causa de esta enfermedad.

Durante el invierno de 1994 se señalaron casos de conjuntivitis aviar aguda, debida a Mycoplasma gallisepticum,
en estorninos de México de los Estados del centro de la costa Atlántica (Estados Unidos de América). Desde
entonces se han hallado individuos infectados en todo el este de los Estados Unidos de América. La adaptación
del agente patógeno a esta especie silvestre puede plantear un problema para combatir la enfermedad en las aves de corral. Para evaluar los riesgos asociados a este problema emergente, se realizó una encuesta entre noviembre
de 1997 y marzo de 1999: más de 1 000 aves fueron capturadas simultáneamente en la misma zona,
en explotaciones avícolas y lugares silvestres. Las muestras sanguíneas tomadas y analizadas revelaron que un
19 % de las aves criadas en las explotaciones y un 11 % de las aves silvestres habían estado en contacto
con el agente patógeno. El estornino de México es la única especie afectada por la enfermedad actualmente,
pero quizás se le sume el herrerillo bicolor.

 

    

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